Todos nos movemos en un ambiente determinado. Tenemos que tener en cuenta factores como los amigos, la familia, la escuela, el trabajo, el barrio. Ese lugar donde tenemos el mayor contacto con la gente y con la realidad.
Hay muchas cosas con las que no estamos de acuerdo en nuestros ambientes. Cosas de las que nos quejamos y quisiéramos cambiar. Y es que nuestro ambiente forma parte del mundo. Y aunque no nos guste, tenemos que abrir los ojos a esa realidad, a nuestra realidad... La sociedad (de la que somos parte) convive diariamente con problemas como la discriminación, violencia, pobreza (espiritual, material), indiferencia, valores trastocados, superficialidad, corrupción.
Los problemas existen, y no podemos ignorarlos, pero también tienen soluciones, que aunque no las veamos rápido, ni en grandes cambios: ninguna persona, ni menos un cristiano, puede dejar de sentirse responsable. Según el Diccionario la palabra responsable significa: Consciente de sus obligaciones y pronto a obrar respecto a ellas. Entonces es justamente eso lo que tenemos que hacer.
Lógicamente las responsabilidades a veces nos cuestan. Muchas veces las relacionamos como una carga, algo feo, pesado. Pero no se trata de cumplir porque sí, o porque me lo impone mi familia, la sociedad, el colegio, mis amigos, ni nadie. Se trata de decidir, optar, de elegir un cambio positivo, y a nosotros mismos como motor de ese cambio.
Tenemos que asumirnos que somos parte de ese ambiente, y que ese ambiente es parte del mundo, del que tanto nos quejamos a veces.
Esta es una actitud muy común, porque es fácil opinar, mostrar que tenemos un punto de vista, pero el tema es actuar, asumirnos responsables de ese ambiente. El mundo no es algo lejano, irreal. El mundo necesita testigos, apóstoles, gente realmente comprometida.
Nos guste o no nos guste formamos parte de una cultura que llaman posmodernidad, con sus rasgos negativos, como el
* individualismo,
* el sentimentalismo,
* la superficialidad,
* la falta de reglas,
* la búsqueda desesperada del placer,
entre otros, pero también con cosas positivas:
* búsqueda de la verdad, franqueza, frontalidad
* solidaridad
* valoran el talento personalizado
* indignación ante la corrupción, injusticias, desorganización,
etc.
* unión, cohesión en torno a grupos
* revalorización de lo natural, de la creación.
* se buscan religiones, algo que lleve a lo trascendente
* respeto por el pluralismo religioso, político, social
Todas estas cosas debemos tener en cuenta... y usarlas en nuestro ímpetu evangelizador. Asumir una visión crítica interesándote por todo lo que ocurre a tu alrededor, no apagar las imágenes en la cabeza como lo hacemos con el TV cuando las cosas se complican o no nos gustan. La realidad es lo primero que tenemos que conocer una vez que decidimos ser cristianos. El entorno nos necesita, necesita a los que nos decimos Cristianos, con un espíritu de tolerancia, respeto, solidaridad, emprendimiento, perseverancia, optimismo, compromiso y muchas ganas.
Analizar las necesidades concretas que hay donde nos movemos. No hace falta ir lejos para Evangelizar. Por ahí nos sentimos bien porque hacemos cosas que son buenas, como visitar a algún anciano, pero tendríamos que hacer un examen de conciencia sobre nuestro apostolado. Es sólo para sentirnos bien nosotros o es realmente un servicio a la comunidad? Pensar donde somos útiles y más que nada necesitados... Por eso la propuesta es abrir los ojos, despertar, romper la burbuja. Responder a problemas reales...
Reconocernos primero que somos parte de muchas actitudes que criticamos en los demás. Somos superficiales y egoístas, desde ya, nos impiden salir de la burbuja Y además, lo repetimos siempre: las palabras mueven, los ejemplos arrastran un cambio real pasa primero por decir, que concretamente vamos a cambiar, empezar por lo chiquito, pero fundamentalmente, decidirse.
Hay algo que no podemos negar. Dios nos eligió. Hay una vocación, un llamado de por medio.
Primeramente a existir, después a ser parte de la Iglesia. Además, todos tenemos talentos y características que nos hacen únicos. Bueno, son esas las características que tenemos que usar en nuestro llevar a Cristo de todos los días.
* conocernos a nosotros mismos, aptitudes y falencias
* conocer nuestro ambiente
* sentirnos responsables de ese ambiente
* asumir el compromiso
En un diálogo intenso con Dios (no monólogo), preguntarle, dejarlo hablar, preguntarle que quiere que hagamos, si no nos damos o no nos queremos dar cuenta de esto.
La tarea queda
en cada uno: pensar en dónde tenemos que actuar y cómo; decidirnos
a no dejar pasar ni una oportunidad, y empezar!!!
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Jóvenes de Acción
Católica Argentina
Arquidiócesis de Rosario
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