La Plata, 21 de Abril de 2003
Arzobispo
de La Plata
Mons. Héctor Aguer
LA ESPERANZA PASCUAL DEBE INCITARNOS A LA ACCION
La Plata, ABR 21 (AICA): El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, aclaró que "la esperanza pascual no resuelve mágicamente nuestros problemas, no proyecta ilusiones, no nos sumerge y aliena en una atmósfera de indiferencia beata ante la dureza de la vida, sus amarguras, dolores y fracasos. Por el contrario, nos pertrecha para el trabajo y el combate, nos incita a la acción".
Tal indicación vale "para los misteriosos senderos de la vida espiritual y de la santificación personal" y "para afrontar nuestra tarea y nuestro compromiso en el mundo, aquí y ahora. Ambas dimensiones, por otra parte, están inextrincablemente ligadas: la búsqueda de Dios y de la intimidad con él halla su contexto y sus posibilidades de verificación en el lugar y tiempo concretos que nos ha deparado la Providencia".
"En los mensajes eclesiales de Pascua -explicó el prelado-, como también en los de Navidad, mucha gente -y estoy tentado de pensar que, sobre todo los "formadores de opinión"- aguardan una palabra de esperanza referida a la actualidad, siempre turbulenta y encaminada a un incierto futuro, de nuestra querida Argentina. Sería magnífico poder anunciar: "la caa está en orden, ¡Felices Pascuas!"; pero todos conocemos por sufrida experiencia la irrealidad de aquel histórico saludo que precipitó años de pesadilla".
Añadió que "la esperanza cristiana, que encuentra su apoyo en la roca inconmovible de Cristo resucitado, no puede proyectarse de modo directo, unívoco, automático, sobre las realidades contingentes del orden temporal, en cuyo desarrollo y mutación intervienen factores numerosos, tan variados y muchas veces imponderables. Pero es verdad también que la esperanza cristiana asume las legítimas esperanzas temporales; por sí, hemos de nutrir una ardiente esperanza, que no rehúya una cuota de pasión y de entusiasmo, en el futuro de la Argentina".
"Es éste un asunto de Dios, y nuestro -siguió diciendo-. En el orden de nuestra salvación eterna es Dios quien produce en nosotros el querer y el hacer, conforme a su designio de amor, y a él se remite nuestra esperanza, aunque nosotros debemos trabajar por aquella con temor y temblor. Con mayor razón, la aplicación o extensión de la esperanza a la suerte colectiva de un pueblo, no consiste en sentarse a esperar, sino en lanzarse a la acción. No seríamos dignos de abrigar tal esperanza si no fuéramos capaces, por egoísmo o cobardía, de ofrecernos abnegadamente al trabajo".
Por último, monseñor Aguer compara la situación de la Argentina
con la que cita el profeta Baruc respecto de Israel, y sugiere que se trata
de "una invitación a un ejercicio de inteligencia y de docilidad que
nos devuelva al camino justo, después de habernos aventurado por tantos
atajos ilusorios. Es un llamado, tierno y persuasivo, a la conversión".
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