Santa Fe, 1 de Abril de 2003
Arzobispo
de Santa Fe de la Vera Cruz
Mons. José María Arancedo
TOMA DE POSESION DE MONSEÑOR ARANCEDO
Santa Fe, ABR 1 (AICA): En una emotiva ceremonia en el altar levantado frente a la catedral local, monseñor José María Arancedo tomó posesión como arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz.
Sucederá en el cargo a monseñor Edgardo Gabriel Storni, quien presentó oportunamente su renuncia, y continuará la gestión que, como administrador apostólico, ejerció monseñor Moisés Julio Blanchoud desde octubre pasado.
"Vengo a tomar posesión de esta Iglesia particular de Santa Fe de la Vera Cruz, como obispo y pastor", subrayó el prelado ante la multitud que se dio cita en la Plaza 25 de Mayo para participar de la misa.
La celebración eucarística estuvo concelebrada por el nuncio apostólico, monseñor Santos Abril y Castelló; el arzobispo emérito de Salta y hasta el sábado administrador apostólico, monseñor Moisés Julio Blanchoud; el arzobispo de Rosario y presidente del Episcopado, monseñor Eduardo Mirás; y sus pares de Paraná, monseñor Estanislao Karlic; de Corrientes, monseñor Domingo Castagna; y de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta.
Previamente, el prelado visitó la curia local donde recibió el saludo del gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann; del intendente local, Marcelo Alvarez, y más de una treintena de obispos que viajaron especialmente a la provincia para esta ceremonia.
Primera homilía
Monseñor Arancedo se presentó, en su primera homilía ante la feligresía santafesina, como "servidor de Jesucristo y servidor de los hombres", y subrayó su disposición a ser "obispo, padre y amigo".
Tras recordar que "el secularismo, con su prescindencia de Dios y vaciamiento de valores trascendentes, empobrece el horizonte cultural del hombre", instó a trabajar por "una cultura basada en los valores de la verdad, la belleza y el bien".
Más adelante puso el acento en la desocupación, a la que consideró la "mayor pobreza", y sostuvo que "la falta de trabajo y de una cultura del trabajo es un signo de enfermedad social con graves consecuencias".
También se refirió a la relación con la política, y aclaró que la Iglesia "por razón de su ministerio y de su competencia, no se confunde en modo alguno con la comunidad política, ni está atada a sistema político alguno".
En este sentido, exhortó a las autoridades "legítimamente constituidas" a poner "todo el esfuerzo y capacidad al servicio del bien común, pensando principalmente en aquellos hermanos nuestros que viven el drama de la pobreza, la marginalidad o la desocupación".
Por último, monseñor Arancedo repitió su lema episcopal: "Que todos sean uno" y, tras encomendar su misión pastoral a las oraciones de todos, exteriorizó un deseo: "a partir de ahora tendré que empezar a caminar con ustedes, a conocerlos y a bendecirlos".
Un _hasta siempre_ para monseñor Blanchoud
Otro momento culminante de la ceremonia fue la despedida de monseñor Blanchoud, quien recibió un emotivo reconocimiento de la gente -en medio de aplausos- a pesar de su fugaz paso por la Arquidiócesis.
"A mí la Divina Providencia me pidió la misión del Bautista, el precursor: preparar el camino al que tenía que venir. Como el Bautista, quiero hoy desaparecer para que Cristo viva en nuestro pueblo a través tuyo", dijo el prelado dirigiéndose a monseñor Arancedo.
También agradeció a la comunidad arquidiocesana, sacerdotes y laicos, por el acompañamiento recibido y presentó sus disculpas por "las cosas que no hice bien y por las que no supe o no pude hacer".
Un camino que comienza
Al finalizar la misa, monseñor Arancedo dialogó brevemente con los periodistas y reiteró que llegaba a la arquidiócesis con "un corazón abierto, dispuesto y esperanzado" y para "empezar un camino".
"La
verdad está siempre delante nuestro y no solamente atrás. Atrás
-puntualizó- está la historia que sostiene, pero adelante está
la verdad que tenemos que construir".
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Jóvenes de Acción
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