Buenos Aires, 3 de Diciembre de 2002
Arzobispo
de Córdoba
Mons. Carlos Ñáñez
EL DRAMA ARGENTINO ES LA PERSISTENCIA Y EXTENSION DE LA POBREZA
Córdoba, DIC 3 (AICA): El arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñáñez, asegura que "la gravedad del problema argentino se muestra dramáticamente en la persistencia y extensión de la pobreza del pueblo, injusticia que clama al cielo", y considera que algunas de las causas principales de esta situación son "la globalización neoliberal, y su discurso y estrategia hegemónico-economicistas".
Tras advertir que esas consecuencias también afectan "gravemente al cuerpo social", enumera algunos ejemplos en los cuales se perciben: "las condiciones de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, el deterioro del Mercosur y la influencia en las políticas de Estado, las privatizaciones sin control y el despojo de los bienes nacionales, el cierre de las pequeñas y medianas empresas por la apertura irrestricta del mercado, la precarización del trabajo y la prioridad dada al lucro, en perjuicio de la persona y su dignidad, al capital financiero en desmedro del productivo".
También habla de los "muy preocupantes" desequilibrios por falta de independencia entre los poderes del Estado, y de la "igualmente significativa" falta del respeto fundamental a las Constituciones Nacional y Provinciales, como a las demás leyes justas, y el consecuente "abuso de poder mediante privilegios legales pero no éticos".
En su carta pastoral de Adviento titulada "Nacer a un tiempo nuevo", el prelado cordobés pune el énfasis en la situación de la Arquidiócesis, donde "nos duelen las promesas incumplidas, el descrédito en el que han caído legítimas autoridades, la lentitud y ambigüedades para responder a la emergencia social, y el manejo poco claro de la cosa pública en algunos municipios y en diversas iniciativas de la gestión provincial".
Niños escandalosamente desnutridos
"Cuánto nos daña la corrupción cotidiana instalada en tantos ciudadanos, que erosiona y desintegra el tejido social y las convicciones personales; cuánto nos duele el sufrimiento injusto de muchos que se han empobrecido a causa de intereses sectoriales", subraya.
Explica, en este sentido, que "dichos intereses postergan el derecho fundamental a la vida, sobre todo de los excluidos y humillados en su dignidad, los explotados en sus necesidades, los olvidados en sus derechos; las minorías marginadas y los violentados de múltiples maneras, tanto por el Estado como por sus conciudadanos; los desocupados, los subempleados y los que trabajan resignando sus derechos; los que conocen la pobreza extrema, la dolorosa indigencia y hasta la humillación de la miseria; Ios ahorristas defraudados, los que emigran al exterior, los ancianos desprotegidos y los niños escandalosamente desnutridos; los adolescentes y jóvenes sin posibilidades de estudio ni futuro, y las familias desmembradas; las víctimas de los secuestros y los innumerables enfermos sin cobertura médica alguna".
El Arzobispo insiste en que "esta enorme situación de inequidad nos interpela a todos", y marca la responsabilidad que le cabe a los católicos de la provincia por la incoherencia que se comete al no vivir "las exigencias del mensaje de Jesús, particularmente nosotros los sacerdotes". Por eso es "imprescindible reconocer los propios errores y pecados, y aceptar la crítica constructiva de otros. Denunciar las injusticias, asumir la propia responsabilidad en ellas y resolver creativamente nuestros problemas son también pasos necesarios para renacer a un tiempo nuevo".
Una sociedad Nueva
Monseñor Ñáñez sostiene que la construcción de una sociedad nueva es posible, y expresa su convencimiento de que "todo gesto de amor es nuestra mejor respuesta a Dios y al prójimo. De allí que es tan importante valorar a cada persona como un hermano, y a cada familia para recuperarnos socialmente; por lo mismo, es impostergable priorizar el bien común, promover los valores de la honestidad, la verdad y la justicia. El esfuerzo de todos, aún el de aquellos que padecen heroicamente una situación injusta no querida por Dios, hará posible un cambio en el estilo de nuestra vida social".
Recuerda que "ningún proyecto de grandes esperanzas puede realizarse sin proponernos un cambio de mentalidad. En nombre de Dios pido que todos, especialmente quienes tenemos una responsabilidad dirigencial en la sociedad, realicemos renuncias concretas a intereses individualistas y privilegios sectoriales, a las actitudes mesiánicas y oportunistas, a todos los resentimientos sociales, al descontento inconformista y al pesimismo".
"Es urgente -concluye- renunciar a la absurda y corrosiva ambición de poder, sea donde sea, que posterga nuestros verdaderos y cruciales problemas. No podemos seguir engañándonos los unos a los otros, ni olvidarnos de los más débiles, como si no existieran".
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