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19 de Abril de 2002

Congreso Arquidiocesano de Educación Católica

DEFECTOS DE LA EDUCACION PARA LA VIDA SOCIAL

 

La Plata, ABR 19 (AICA): Más de 3.000 miembros de las comunidades educativas de La Plata asistieron ayer a la apertura del Congreso Arquidiocesano de Educación Católica, que concluirá mañana en el Pasaje Dardo Rocha, de esta ciudad. Presidió el acto el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, quien sostuvo "que las dificultades de la vida, la disgregación de los vínculos, las incapacidades de los sucesivos gobiernos para gobernar con el don de aquel que fija la meta y que tiene la capacidad de galvanizar las voluntades y las inteligencias hacia ese fin, todo eso está señalando que hay un defecto en nuestra educación para la vida social".

"Se puede constatar muy fácilmente -añadió- que los argentinos somos geniales, brillamos en cualquier tipo de actividad, pero juntos somos un desastre. Constituimos esta especie de crisis permanente que no acaba de resolverse nunca. Tenemos que enfocar esta dificultad que supone una mala educación para la vida social, una falta de conciencia y de afecto de nuestra pertenencia a esta realidad carnal y espiritual que es la nación argentina. Si nos proponemos formar verdaderos cristianos de manera integral, tenemos que dar plena cabida a esta dimensión social de la educación"

El prelado inició su disertación subrayando el "ministerio maternal" de la educación católica, a través de la cual educa la Iglesia. "La finalidad primera y esencial de la Educación Católica -dijo- es formar buenos católicos", con un proyecto educativo centrado en Cristo para "plasmar en los alumnos una personalidad cristiana y crear un ambiente educativo animado por la libertad y la caridad".

Aclaró que no se trata de colocarle un "barniz cristiano" a las estructuras que ya existen, sino de algo original "desde la verdad y la gracia". En tal sentido, manifestó que "no se puede plasmar un proyecto católico como una mera ética tolerante y de consenso" para salvar a una sociedad "desesperada" que marcha hacia la ruina; una época "decadente y hostil al mensaje del Evangelio que le ha dado la espalda al cristianismo".

También enumeró los males de la globalización, que "bastardea los valores humanos, fragmenta los vínculos, niega la verdad y propicia la confusión entre el bien y el mal", en lo que podría catalogarse como una "nueva configuración del paganismo" que impregna a las familias. No obstante, rescató el "sano optimismo en el humanismo católico que toma en cuenta las limitaciones del pecado y se hace cargo de lo que significa en cada tiempo la tarea de rescatar esas disposiciones fundamentales de los jóvenes, a veces sepultadas bajo los escombros del derrumbe cultural que los agobia".

En otro tramo de su conferencia, el pastor platense recordó la figura de Jacques Maritain, quien proponía cultivar cinco disposiciones fundamentales en los jóvenes de nuestro tiempo: el amor a la verdad, la búsqueda y su posesión; el amor del bien y de la justicia; la afirmación ante la existencia y el sentido de la vida; la actitud de lealtad y responsabilidad frente al trabajo y la relación con los demás, que incluye la educación para la vida social.

¿Qué le pasa al país?

Tras señalar que "nuestra tarea educativa se destina al servicio de la sociedad en que vivimos", monseñor Aguer se preguntó "¿qué es lo que le pasa a la Argentina?", a este "grande y desdichado país que sentimos como propio". Reconoció que "no es fácil dar una respuesta" y aseguró que "ningún país de la tierra se ha interrogado tanto sobre su propia identidad y ha intentado con tanto énfasis interpretarse a sí mismo. Estamos procurando saber quiénes somos y quizá sea esa una de las causas de nuestra crisis permanente".

"Hoy día -continuó-, el crispado clima social busca rápidamente culpables, y acicateados por los 'medios de confusión', vamos a acabar acusándonos todos recíprocamente, los unos a los otros. Pero no suelen enfocarse con lucidez los temas profundos. Ahora se busca rápidamente culpables entre los dirigentes y son ellos quienes están bajo la sospecha general, sin advertirse que entre los dirigentes y el pueblo existe un vínculo que podría interpretarse de algún modo a través de la figura de la personalidad corporativa".

Esta crisis se inscribe en el contexto "de una cultura global marcada por el hedonismo individualista que pervierte el sentido de los vínculos y tampoco permite que surja la idea cristiana y plenamente humana de felicidad, que hoy está degradada al nivel del bienestar".

Desde nuestra perspectiva cristiana tenemos que afirmar que la felicidad no es posible sin incluir a los demás como compañeros en la marcha hacia ella. A los demás y al servicio que les debemos. Esta disgregación social que padecemos pone en cuestión los frutos de la educación argentina, de toda ella a lo largo de todo su período histórico, y nos sugiere a nosotros, educadores católicos, un interrogante sobre el cual debemos reflexionar en este congreso".

En el final, se refirió a la "libertad de educación", la cual está respaldada por la ley, aunque "no faltan las dificultades, las sospechas, las incomodidades. Tenemos que reivindicar con claridad la igualdad de condiciones jurídicas y económicas que se nos deben con la propuesta educativa del Estado, y debemos reclamarlo como el derecho de la libertad de la Iglesia, porque el sistema de educación católica no es más que un aspecto del servicio pastoral de la Iglesia de hacer que todas las naciones sean discípulos de Cristo".

"Pero a la vez que reivindicamos que se nos brinde esa igualdad, debemos explorar y practicar creativamente todos los espacios de libertad, sin miedos, sin encogimientos, avanzando en aquello que nos falta desarrollar con competencia, a saber, la preparación de nuestros docentes. Creo que esa será la piedra de toque de que gozamos de una auténtica libertad de educación, si tenemos libertad de formar nosotros mismos a nuestros docentes en plena coherencia con la propuesta educativa de la Iglesia y que éstos no sean tributarios de las ideologías pedagógicas de turno".

Por último, agradeció que "a pesar de las dificultades concretas, como el hecho de que pasan los días y no se recibe el sueldo, se sigue asistiendo al aula y empeñando con el mismo cariño en la tarea. Ello comprueba que los educadores católicos no se consideran meros trabajadores de la educación, sino padres y madres de nuestros jóvenes, y por tanto, se hacen cargo de que la tarea educativa es una misión y una vocación".

En efecto, "uno de los daños mayores que ha sufrido la educación pública en la Argentina ha sido la miserable proletarización de los docentes, que no se debe a las condiciones económicas externas solamente, sino muchas veces a la conciencia degradada de los docentes mismos, que no son trabajadores de la educación sino maestros, y ese nombre no puede ser reemplazado simplemente por el más ambiguo de docente, porque maestro no es simplemente alguien que enseña, sino algo más: un padre, una madre, aquel que continúa la misión de engendrar".

De monseñor Maulión

También habló el obispo de San Nicolás y presidente de la comisión episcopal de Educación Católica, monseñor Mario Maulión, quien sostuvo que el maestro es el "inspirador, el mentor, el estimulador de los alumnos que lo admiran, y eso marca un estilo que luego se continúa". Pero desafortunadamente, "la fuerza aglutinante del maestro ha desaparecido de la consideración social".

La escuela católica es "esencialmente evangelizadora y no hace proselitismo religioso, sino que vive los valores que encarna. Debe experimentarse la vivencia del Jesús viviente, y cuando esto no se nota, fracasa en su tarea".

Como primer rasgo de la escuela católica, monseñor Maulión señaló la "vivencia consciente del Señor. Si esto no se da, el cuestionamiento tiene que ser muy profundo, ya que su presencia es la razón de ser de la escuela católica". El segundo es la "vivencia comunitaria", porque "no hay nada más nocivo" que la predominancia de las individualidades. Las personalidades deben enriquecerse mutuamente para contribuir a lo que cada vez "vemos más distante: el bien común, o sea, el nivel en el que la persona tiene la posibilidad de desarrollarse".

Más adelante dijo que "el problema básico" de la Argentina "es una crisis de valores que empobrece y hace cada vez más pobres". Se vive un "estado crítico con una indigencia que se va agudizando. La pobreza es resultado de la crisis de valores y los aumenta, además de expresarlos".

Y prosiguió: "la pobreza permanente, que es la ausencia de todo lo que se necesita para vivir, abarca escandalosamente a niños y familias, a marginados y excluidos que engrosan sin parar las estadísticas" por culpa de un proceso "feroz y despiadado". Son víctimas "abandonadas, descartadas, engañadas en sus ilusiones", a las que no se las ha capacitado para pensar y son presa fácil "de las industrias de la violencia, de la mentira, de las drogas. No tienen modelos que superen lo banal y trivial", afirmó.

"Desde nuestra pobreza -continuó- somos convocados para la salvación y enviados a estos cada vez más numerosos pobres. ¡Cuánta pobreza al lado nuestro que está requiriendo a alguien que les dé una mano! Identifiquémonos con el Maestro y formemos comunidad con él anunciándoles a los pobres que Jesús está".

"La educación católica -sintetizó- no puede dejar de conmoverse ante el que está sin pan, sin casa, sin razón para vivir, sin educación sólida. Debemos ser abnegados samaritanos que se preocupen por el que está sufriendo, inclinándonos a servir y a lavar los pies de los hermanos. Eso es la excelencia de la escuela católica".

Presencias

Estuvieron, entre otros, el arzobispo emérito de La Plata y presidente del Consejo de Educación Católica de la provincia, monseñor Carlos Galán; el intendente local, Julio César Alak; el director general de Cultura y Educación, Mario Oporto; el delegado del arzobispo para la Educación y presidente de la Junta Regional de Educación Católica, presbítero José Alvarez; el rector del seminario arquidiocesano, presbítero Fernando Cavaller; el rector de la Universidad Católica de La Plata, Ricardo de la Torre; el director provincial de Educación de Gestión Privada, Juan Odriozola, y el presidente del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), padre Hugo Salaberry SJ.

Agradecemos a
AICA, Agencia Católica Argentina de Noticias



 
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