5 de Abril de 2002
Mons.
Juan Rubén MARTINEZ
Obispo de Posadas
A
VECES HACEMOS UN MAL USO DE LA PALABRA ESPERANZA
Posadas, ABR 5 (AICA): "En este tiempo difícil para nuestra Patria necesitamos crecer en esperanza", pero "a veces hacemos un mal uso de la palabra esperanza. La usamos en frases engañosas, ligándola a un falso optimismo o a una utopía idealista", dice el obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, para concluir que la esperanza cristiana se funda en el misterio de la Encarnación.
Da también otros ejemplos del mal uso de la esperanza en el diario convivir: "Cuando gobierne fulano todo se solucionará"; "cuando el Fondo Monetario nos dé la plata..."; "tengamos buena onda y todo se arreglará"; "vengan a mi grupo y dejarán de sufrir".
"En general -agrega- son frases que pueden ser alentadoras, pero habitualmente son inconsistentes porque delegan la propia responsabilidad a un mañana incierto o a un tercero o son simplemente dichas para salir del paso: Lamentablemente, este mal planteo de la esperanza nos va sumergiendo en nuevas y más profundas frustraciones." En cambio, "la esperanza cristiana, teológica, está fundamentada en el misterio de la Encarnación, o sea, en el hecho de que Dios quiso hacerse uno de nosotros y así se ligó a la historia humana. Por eso hablamos de una fe comprometida con la historia, con el drama humano, con la búsqueda de transformación, con la certeza de la dinámica de la Pascua, de la muerte y la vida, que nos encamina a la eternidad."
Dice asimismo que "la esperanza cristiana nos debe potenciar a defender nuestros derechos, pero sobre todo a asumir nuestros deberes ciudadanos. Esta tarea se inicia en la participación en la base, nuestro pueblo, barrio, escuela o capilla. Quizá podríamos decir que si existen malos dirigentes es por nuestra omisión o falta de responsabilidad para permitir que se mantengan donde los dejamos estar"
Monseñor Martínez ve también "otro signo de esperanza" en las ferias y los trueques como forma de mercado, "de los que son marginados por 'la economía del mercado'"; lo cual quiera decir que "nuestra gente no se queda con los brazos cruzados y va generando 'nuevos sistemas solidarios'", en lo que incluye la "abundante solidaridad de la colecta cuaresmal del 1 %".
Concluye diciendo no tener dudas de que "nuestra esperanza no la podemos centrar en la bondad del F.M.I., sino en Jesucristo Nuestra Esperanza y este 'don' que es un motor necesario para convertirnos y movernos hacia el amor solidario, ético y comprometido con un futuro que tenemos que construir nosotros".
Agradecemos a
AICA,
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