21 de Marzo de 2002
Comisión Permanente del Epicopado Argentino
HAY QUE RENUNCIAR A FORMAS POLITICAS INMORALES E IRRITANTES PRIVILEGIOS
Buenos
Aires, MAR 21 (AICA): Al cabo de dos días de deliberaciones, la Comisión
Permanente del Episcopado dio a conocer una declaración en que convocó
a colaborar en el nacimiento de un país nuevo "regido por la verdad,
la justicia, el amor y la solidaridad", y exhortó a la clase dirigente
a "renunciar a las formas inmorales de actuar en la vida pública
y a los irritantes privilegios".
El documento, que lleva por título "Para que renazca el país",
fue leído en conferencia de prensa por el secretario general del cuerpo
colegiado, monseñor Guillermo Rodríguez-Melgarejo, y dice textualmente:
1. La celebración de la Semana Santa y de la Pascua de Resurrección
es una ocasión para que los Obispos, reunidos en la Comisión Permanente
de nuestra Conferencia Episcopal, nos dirijamos una vez más a nuestro
pueblo. Los cristianos proclamamos que en Cristo muerto y resucitado la Vida
triunfa sobre la Muerte, la gracia de Dios sobre el pecado y la alegría
definitiva sobre el dolor de este valle de lágrimas. Cristo es garantía
de que los hombres podemos convertirnos y transformarnos profundamente, y ser
artífices de la reconstrucción de la Patria.
2. Recientemente hemos peregrinado a Roma para venerar la tumba de los apóstoles
Pedro y Pablo y para abrazar fraternalmente al Papa Juan Pablo II. La enseñanza
del Papa, que entonces hemos recibido, es muy certera y digna de ser tomada
en consideración: "Sólo una propuesta de los valores morales
fundamentales, como son la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por
el bien común, la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la
cultura del trabajo, en una tierra como la vuestra que la Providencia ha creado
fértil y fecunda, puede asegurar un mejor desarrollo integral para todos
los miembros de la comunidad nacional".
3. En nuestra reunión extraordinaria de enero pasado decíamos
que no debemos equivocarnos considerando este momento crítico como uno
más y sin poner los remedios morales e institucionales necesarios. Tenemos
un país frenado por falta de acuerdo y de grandeza de sus actores políticos,
sociales y económicos, e incapaz de dar respuesta apropiada a la gravedad
de esta crisis terminal. Los intereses sectoriales y corporativos siguen queriendo
imponer su fuerza en desmedro del interés general. En gran parte del
pueblo hay deseos de una Argentina nueva, pero no encuentra en sus dirigentes
la voluntad suficiente para cambiar los errores que nos han degradado tanto.
Hay un vacío de la dirigencia que impide encontrar los caminos de la
honesta representatividad política, de la equidad social y de la seguridad
jurídica. Es preciso renunciar a las formas inmorales de actuar en la
vida pública y a los irritantes privilegios. También es necesario
reparar todo daño ocasionado y restituir todo lo que se haya obtenido
ilícitamente. Como dirigentes religiosos, los Obispos no rehusamos continuar
examinando nuestra responsabilidad sobre la situación del país.
4. En los meses pasados todo el pueblo argentino ha sufrido las consecuencias
de medidas económicas y financieras muy graves, que han afectado a la
moneda, al valor y disponibilidad de los ahorros, a las fuentes de trabajo y
a las relaciones con los demás pueblos del mundo. Las decisiones económicas
también están sometidas a las normas morales. Entendemos que las
medidas tomadas, explicables en momentos de grandes catástrofes sociales
como las guerras, han herido gravemente la confianza del pueblo en sus dirigentes
y en el futuro del país. Es de desear que sus cargas y consecuencias
sean compartidas por todos y en forma proporcional, comenzando por los que más
tienen, sean individuos o empresas, nacionales o multinacionales. Para exigir
tanto sacrifico al pueblo es preciso decidirse firmemente a erradicar la corrupción
de la vida política y social, a disminuir drásticamente el gasto
político, a encarar la postergada reforma del estado y a revertir la
enorme evasión impositiva de grandes sectores corporativos. Quienes gozan
de privilegios injustos deben saber que, aunque sean legales, no dejan de ser
inmorales.
5. Ante la pasividad de la dirigencia y a su escasa representatividad, es explicable
la aparición de formas nuevas de protesta social. Si bien en algunos
casos permiten entrever un interés renovado por participar en la cosa
pública, en otros son causa de preocupación, pues hieren directamente
los derechos de terceros y pueden desembocar en un ambiente de anarquía
generalizada. El enfrentamiento y la descalificación como sistema, incluso
mediante el uso irresponsable de los medios de comunicación, se oponen
a una convivencia plural y madura.
6. Frente a esta panorámica, hemos de saber imitar a los pueblos que
han sufrido catástrofes iguales o peores, pero se han puesto a reconstruir
su patria con tesón. No negamos el derecho a reclamar lo propio. Pero
alentamos a todos a trabajar con esfuerzo y sacrificio. El que tiene trabajo
ha de sentir la vocación a realizarlo con espíritu de servicio
y esmero. El que no lo tiene ha de procurarlo en la medida de lo posible, ofreciendo
a cambio su habilidad y capacitándose permanentemente para ello. No hay
nada más triste para el trabajador que dejarse despojar de su natural
honradez y laboriosidad, y crearse la imagen de ser un perpetuo dependiente
de la dádiva ajena. La comunidad entera, por su parte, debe ser solidaria
con los que no tienen trabajo. Acompañamos de todo corazón a todos
los que sufren. Valoramos muy especialmente a tantos voluntarios que con generosidad
sirven y ayudan a los más necesitados y desposeídos.
7. Desde mediados del año pasado, voces de las principales corrientes
políticas y de muchos sectores de la sociedad nos han alentado a los
Obispos a animar un diálogo nacional, que nos ayudase a los argentinos
a salir del estado de crisis. No sin cierta aprehensión, nos decidimos
a acompañar la Mesa del Diálogo Argentino convocada por el Presidente
de la Nación y contando con los auspicios de las Naciones Unidas. Valoramos
el esfuerzo que la Mesa viene realizando, pero debemos recordar lo que dijimos
a su inicio: "El Diálogo argentino para que tenga eficacia y también
credibilidad ha de despertar en la dirigencia política, financiera, sindical
y empresarial, la necesidad de gestos y signos que muestren un sincero deseo
de cambios reales y profundos". Por lo mismo, exhortamos a los poderes
del Estado a promover con leyes sabias los acuerdos a los que va arribando la
Mesa, para que en forma progresiva y rápida se concreten las reformas
que la Argentina necesita. En especial, la reforma de la política y del
Estado. Esta responsabilidad justifica y puede ennoblecer la actual transición.
8. Agradecemos el gesto fraterno de varios pueblos e Iglesias de América
y de Europa que en este momento nos tienden una mano generosa. En la emocionada
expresión "Argentina nos duele," escuchada en España,
se resume el sentimiento de todos ellos. Les agradecemos de corazón.
Y confiamos en hacernos dignos de ese afecto y solidaridad. También nos
parece importante que los organismos internacionales de crédito tengan
la comprensión y la responsabilidad necesarias en este momento crítico
del país, que presenta signos dramáticos de una creciente pobreza
y peligro de enfrentamientos sociales.
9. El misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo que nos disponemos
a celebrar, nos dice que hemos de morir a todo lo que haya de malo en nosotros
para resurgir a la Vida nueva. Nada más mortal que el pecado en todas
sus formas, personal y social. Cada cristiano debe morir a su pecado para poder
ser un hombre nuevo. La Argentina debe morir a las concepciones sociales corruptas
de la vida política, económica, social y cultural, para que pueda
nacer un nuevo país regido por la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad.
Pidamos esta gracia a Jesucristo nuestro Redentor, que murió para salvarnos
a todos. Hagámoslo en unión con María, a quien en la cruz
nos la dio por Madre.
Agradecemos a
AICA,
Agencia Católica Argentina de Noticias
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Jóvenes de Acción
Católica Argentina
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