Enero de 2002
Con
este título, la revista "30 Giorni", del Movimiento Comunión
y Liberación,
publicó en su número de enero de 2002,
una entrevista del periodista Gianni Valente al Cardenal Jorge Mario Bergoglio,
arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina.
EL ROSTRO IDOLATRA DE LA ECONOMIA ESPECULATIVA
-
Eminencia, ¿qué pasó en la Argentina?
- La Conferencia Episcopal describió en la carta al pueblo de Dios del
17 de noviembre de 2001 los muchos aspectos de esta crisis inmensa: concepción
mágica del Estado, despilfarro de los dineros del pueblo, liberalismo
extremo mediante la tiranía del mercado, evasión de los impuestos,
falta de respeto a la ley, tanto en su cumplimiento como en el modo de dictarla
y aplicarla, pérdida del sentido del trabajo. En una palabra, una corrupción
generalizada que mina la cohesión de la nación y nos desprestigia
ante el mundo. Este es el diagnóstico. Si vamos a la raíz, al
fondo del asunto, el problema de la Argentina es un problema moral, un problema
ético.
-
La crisis argentina se presenta también como una crisis del sistema.
Crisis del modelo económico que se ha ido imponiendo en las dos últimas
décadas.
- Hubo un terrorismo económico-financiero que provocó efectos
fácilmente visibles, como el hecho del aumento de los ricos, el aumento
de los pobres y la drástoca destrucción de la clase media. Y también
el desastre en el campo de la educación. En este momento, entre la ciudad
de Buenos Aires y la periferia hay dos millones de jóvenes que no estudian
ni trabajan. La Iglesia argentina siempre criticó el modelo de salvajismo
liberal, economicista, globalizante. Y respecto a la globalización, siempre
se alineó al magisterio. Nuestros puntos de referencia son, por ejemplo,
los criterios expuestos con claridad por Juan Pablo II en "Iglesia en América".
-
Ha citado usted el magisterio. Hace setenta años, en la encíclica
Quadragesimo anno, escrita poco después de la crisis de la Bolsa de 1929,
el papa Pío XI llamaba "imperialismo internacional del dinero"
al modelo de economía especulativa capaz de empobrecer en un instante
a millones de familias. ¿Usaría esta definición para la
Argentina de hoy?
- Es una fórmula que siempre tiene actualidad porque es una fórmula
que nace de una experiencia bíblica. Cuando Moisés sube al monte
para recibir la ley de Dios, el pueblo peca de idolatría haciendo el
becerro de oro. También el actual imperialismo del dinero muestra un
inequívoco rostro idolátrico. Es curioso como la idolatría
siempre va unida al oro. Y donde hay idolatría se cancela a Dios y la
dignidad del hombre, hecho a imagen de Dios. El nuevo imperialismo del dinero
quita del medio incluso el trabajo, que es como se expresa la dignidad del hombre,
su creatividad, que es la imagen de la creatividad de Dios. A la economía
especulativa ya no le interesa el trabajo, no sabe qué hacer con él.
Va detrás del ídolo dinero que se crea a sí mismo. Por
eso no tiene ninguna dificultad en transformar a millones de trabajadores en
desocupados.
-
¿Qué bienes han querido salvaguardar los hombres de Iglesia al
juzgar el modelo económico que ahora está causando tantos sufrimientos
al pueblo? ¿Ha sido siempre realista su mirada de pastores?
- Es muy importante en la Iglesia de América Latina el documento
de Puebla. La Conferencia de los Obispos Latinoamericanos en Puebla marcó
un hito muy importante. Porque se logró mirar a América Latina
a través del diálogo con sus propias raíces culturales.
Y también respecto a los sistemas políticos y económicos,
los bienes que se han querido salvaguardar son las reservas religiosas y espirituales
de nuestros pueblos, que se expresan por ejemplo en la religiosidad popular
que ya Pablo VI había exaltado en la Evangelii nuntiandi. La experiencia
cristiana no es ideología. La experiencia cristiana tiene una originalidad
que es innegociable y que nace del estupor del encuentro con Jesucristo, del
maravillarse de la persona de Jesucristo, y esto nuestro pueblo lo tiene y lo
manifesta en la piedad popular. Tanto las ideologías de izquierda como
este imperialismo económico del dinero ahora triunfante lo que quieren
es quitar la originalidad cristiana del encuentro que nuestros pueblos, en la
simplicidad de su fe tienen con Jesucristo.
-
¿Qué piensa, como pastor, del papel desempeñado en la crisis
argentina por la comunidad internacional y los organismos financieros centrales?
-El problema es que no tienen en el centro de su reflexión al
hombre, a pesar de lo que dicen. Señalan siempre a los gobiernos sus
rígidas directrices, hablan siempre de ética, de transparencia,
pero son fríos, son eticistas sin bondad.
-
La Iglesia participa de diversas maneras en la crisis argentina. ¿Qué
criterios gobiernan su acción?
- Al comprometerse en este intento común para salir de la crisis en la
Argentina tiene siempre presente lo que enseña la Tradición de
la Iglesia, que reconoce la opresión del pobre y el fraude en el salario
de los obreros como dos pecados que claman venganza ante Dios. Estas dos fórmulas
tradicionales son de total actualidad en el magisterio del Episcopado Argentino.
Estamos cansados de sistemas que producen pobres para que luego la Iglesia los
mantenga.
-
El compromiso de la Iglesia se expresa sobre todo en ayudas concretas, materiales.
- La asistencia del Estado no alcanza porque llega a los necesitados sólo
un 40%, el resto se pierde en el camino. Hay corrupción. La Iglesia abrió
comedores infantiles. En las parroquias de Buenos Aires hay un sistema organizado
para darle de comer a la gente de la calle.
-
La jerarquía católica aceptó participar en la mesa de la
reconciliación, pero se guardó de asumir el papel de entidad moralmente
superior. "Todos hemos pecado", dijo el arzobispo de Paraná
y presidente del Episcopado, monseñor Estanislao Karlic.
- Somos parte de nuestro pueblo y todos participamos de alguna manera
del pecado y de la gracia. Podemos anunciar la gratuidad del don de Dios sólo
si hemos experimentado esta gratuidad en el perdón de nuestros pecados.
El año pasado la Iglesia argentina hizo públicamente un período
de penitencia y pidió perdón a la sociedad, también en
referencia a los años de la dictadura. Ningún otro sector de la
sociedad argentina pidió perdón.
-
En la amplia participación eclesial al diálogo nacional, ¿no
existe el peligro de protagonismo, o de desnaturalizar la imagen de la Iglesia
convirtiéndola en una agencia de consenso, que ofrece el aglutinante
cultural a la identidad nacional?
- La Iglesia ha hecho sólo las declaraciones necesarias. En este
último año cinco muy fuertes y una carta al pueblo de Dios. Y
siempre pedía que se dialogara. Pero como dice el documento de la Conferencia
Episcopal del 14 de enero de este año, "el diálogo entre
los argentinos ha sido convocado por el Presidente de la nación para
reunir a los sectores representativos de todo el país (...). La Iglesia,
por su parte, ofrece el ámbito, que no es principalmente físico,
sino espiritual, como enseña el Vaticano II. La Iglesia, como institución,
no participa como un elemento más, sino como quien brinda un espacio
de encuentro". Ni lo convoca la Iglesia ni lo conduce la Iglesia, que esto
quede claro. El Presidente ha solicitado el concurso y la asistencia técnica
de las Naciones Unidas. La Iglesia ofrece la casa para que los hermanos se encuentren
y reconcilien. Pero no es un sector, un lobby, una parte que interviene en el
diálogo al lado de otros grupos de interés y presión.
-
La clase dirigente vive un momento de total desprestigio. Parecen tener razón
los que teorizan la eliminación de la política y la reestructuración
del Estado.
- Hay que reivindicar la importancia de la política, aunque los
políticos la han desprestigiado, porque, como decía Pablo VI,
la política puede ser una de las formas más altas de la caridad.
En nuestro país, por ejemplo, la mentalidad funcionalista unida al modelo
económico imperante ha experimentado con los dos extremos de la vida,
con los niños y con los ancianos, los más afectados por la crisis,
provocando efectos devastadores en el campo de la educación, la sanidad
y la asistencia social. Un pueblo que no cuida a sus chicos y a sus ancianos
no tiene esperanza.
-
¿Puede la Iglesia ser acusado de dejarse instrumentar por el apoyo que
la jerarquía católica ha dado al presidente Eduardo Duhalde?
-Es un momento de emergencia en el que no se apoyan personas, sino instituciones.
La anarquía no puede gobernar. Frente a la gravedad de la crisis, lo
que la Iglesia apoya es que sigan las instituciones, que siga existiendo la
democracia que pudimos conseguir después de tantos sacrificios, que se
abra el diálogo entre los poderes institucionales -presidente, poder
legislativo, poder judicial- y que se mantenga la paz social. Pero no es tarea
de la Iglesia dar recetas.
-
¿Cómo terminará?
- Yo creo en los milagros. Y la Argentina tiene un pueblo muy grande,
un pueblo muy hermoso. Esas reservas morales que tiene nuestro pueblo ya son
un principio de milagro. Me acuerdo de Manzoni que dice aquella frase tan linda
"non ho mai trovato che il Signore abbia cominciato un miracolo senza finirlo
bene". Yo espero que termine bien.
Agradecemos a
AICA,
Agencia Católica Argentina de Noticias
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