Buenos Aires, 7 y 8 de Enero de 2002
Reunión
extraordinaria
de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
RECONSTRUIR LA PATRIA
1. El pueblo cristiano está inmerso en este tiempo en las alegrías
de la Navidad. El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo es garantía
de que la vida humana en sociedad, basada en el respeto a la Ley de Dios,
es posible. Por ello, la incertidumbre provocada por los acontecimientos políticos,
económicos y sociales que se han sucedido vertiginosamente en estos
días, no nos desespera. Y deja paso a la confianza de que vale la pena
trabajar por salvar a la Argentina y construir en ella una Patria de hermanos.
Una vez más, nos acercamos a todos los argentinos para fortalecernos
mutuamente en este propósito y llevarlo a término.
2.
Que la Patria está gravemente enferma por una larga afección
moral, reflejada en los diversos órdenes - económico, político,
cultural -, es innegable. Pero es cierto también que el momento de
gran humillación de un pueblo, puede convertirse en el comienzo de
su resurgimiento. Para ello basta que reconozcamos la situación con
honestidad, aunemos las fuerzas y no perdamos el tiempo en echarnos las culpas
por lo acaecido, sin obviar por esto el papel de la justicia. Y, especialmente,
que todos los ciudadanos y los diversos sectores sociales nos pongamos a trabajar
con empeño por la reconstrucción espiritual y material de la
Patria, aportando la cuota de sacrificio que nos corresponde.
Los dirigentes que no se sintiesen capaces de hacer los renunciamientos y
esfuerzos necesarios para levantar al País deberían dar un paso
al costado.
3. Los argentinos nos equivocaríamos si considerásemos este momento crítico como uno más, y no pusiésemos los remedios morales e institucionales necesarios. Sería lamentable, pues perderíamos una ocasión providencial para crecer como Nación. La crisis terminal que vivimos indica una claudicación grave en la moral social; es decir, en la responsabilidad de la conducta con respecto a la sociedad y a sus diversos componentes. Sobre esto han de examinarse con sinceridad no sólo las personas sino también las instituciones, privadas y públicas. Sugerimos que todas abran un espacio de deliberación, dispuestas a reconocer graves errores y a adoptar cambios profundos de mentalidad y de comportamientos. Ningún sector e institución puede decir que no es responsable de la situación que sufre la Patria. Este examen han de hacerlo muy especialmente los partidos políticos y los sindicatos, pero también las cámaras empresariales y las entidades financieras. Y, a no dudar, lo han de hacer los tres poderes del Estado y las entidades que dependen de él.
4. La superación de la crisis que sufre el País exige el cultivo de los valores morales. En especial: la austeridad, el sentido de la equidad y de la justicia, la cultura del trabajo, el respeto de la ley y de la palabra dada. Y, en orden a ello, es preciso: elevar la calidad de la educación basándola en los inclaudicables valores puestos por Dios en el corazón del hombre; transformar la orientación de fondo de los medios de comunicación pues muchos de sus programas degradan al pueblo; modernizar el aparato productivo de modo que multiplique las fuentes de trabajo real; promover la reforma del Estado y de la política; afianzar la justicia, erradicando todo tipo de corrupción, privilegios y prebendas, y evitando el despilfarro de los fondos y bienes públicos.
5. También los pastores hemos de examinarnos. En un país que se profesa mayoritariamente cristiano no es fácil explicar la presente crisis sin una grave falla en la coherencia entre la fe y la vida, y en la catequesis y predicación de la moral social.
6.
Este examen es premisa indispensable para que se entable un diálogo
fecundo entre todos los ciudadanos y sectores de la sociedad argentina, que
nos lleve a acuerdos fundamentales, conforme a los cuales conducirnos en el
futuro.
Para cultivar este diálogo es preciso buscar sinceramente el bien común,
formular con honestidad la propia proposición y escuchar atentamente
la del prójimo. Repetimos el ofrecimiento que ya hemos formulado: en
circunstancias
excepcionales como ésta, la Iglesia, dentro de su propia misión,
respetando plenamente las instituciones de la República, y buscando
sólo la paz y el progreso integral del pueblo argentino, está
dispuesta a alentar iniciativas de diálogo entre los diversos sectores
sociales y políticos.
7. La vida en sociedad se basa en un diálogo permanente, y excluye toda forma de violencia física o moral. Por ello deploramos los hechos violentos acaecidos en los días pasados, en especial las muertes y los saqueos. Recordamos que la violencia no es humana ni cristiana, ni es camino para la solución de nuestros problemas.
8. Jesús el Señor, que se hizo hombre y hermano nuestro en María Virgen, y amó entrañablemente a su gente y a su tierra, nos auxilie con su fuerza y sabiduría en la reconstrucción de nuestra Patria.
Reunión
extraordinaria
de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 7 y 8 de enero de 2002.
Agradecemos a
AICA, Agencia Católica Argentina
de Noticias
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Jóvenes de Acción
Católica Argentina
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