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EL ADVIENTO DEBE RECONDUCIR LA VIDA CIUDADANA

Mons. Domingo CASTAGNA
Arzobispo de Corrientes

Miércoles 5 de Diciembre de 2001

(AICA): Como "ya hemos comprobado el desorden causado por una vida social sin rumbo ni pautas morales", el arzobispo de Corrientes, monseñor Domingo Castagna, consideró que el Adviento con que se inició el nuevo año litúrgico y que sirve como preparación para la Navidad, "es el momento de producir cambios que sanen heridas y reconduzcan la vida ciudadana".

El prelado explicó que "con frecuencia los obispos argentinos han señalado que el mal manifestado en la debacle económica, como también en el campo de la salud y la seguridad, tiene su verdadero origen en la ausencia del sentido moral y religioso de la vida". No se trata de una "argumentación infantil o simplificadora, inspirada en la ineptitud para encontrar soluciones de fondo a la grave crisis. Si recomponemos moralmente al ser humano, quedará recompuesto su orden personal y social".

En ese orden se establece "un combate encarnizado que debe empeñar los mejores esfuerzos de los padres, de los educadores, de la cultura y de la Iglesia. El enemigo se introduce sigilosamente en los ámbitos que otrora eran considerados sagrados". Ello se comprueba al escuchar las confidencias, "a veces desgarrantes, de los responsables de la familia" y al interpretar "los silencios de quienes ya no saben qué hacer".

Solidaridad de lo moral

El pastor correntino subrayó que este es el momento de "una solidaridad recreativa de la moralidad. En un ámbito de libertad se logrará exponer honestamente los principios morales sin que nadie reclame indebidos derechos para acallar sus consecuencias prácticas o torcer su sentido objetivo. Para ello será preciso promover un diálogo humilde y el logro del sincero reconocimiento de la verdad".

Reiteró que es "urgente e impostergable el cambio", y nadie contradice su necesidad, "pero cuando llega el momento de concretar una respuesta, se atribuyen intenciones políticas sectarias a quienes legítimamente intentan proponer el cambio como reclamo de la fe. Un Evangelio aguachentoso no transmite la palabra de la fe como llamado a la conversión o al cambio. La intención de Jesucristo no es, ciertamente, almibarar los términos firmes y severos del plan de Dios, con el fin de contentar a los poderosos de turno".

En el final de su alocución, subrayó que "el Adviento que iniciamos reclama, de parte de los cristianos, una actitud conformada a la abnegación y a la renuncia, especialmente en provecho de los más pobres y postergados. Este tiempo es propicio para decidir un comportamiento renovado; la fecundidad del mismo habrá de manifestarse en la vida social. No podemos adoptar un conformismo silencioso e inoperante ante la traición de los valores morales y de los términos de la fe que confesamos como nuestra".

Por último sostuvo que este Adviento es particular. "Nos prepara para la Navidad, que ofrece un depósito de paz largamente esperado. Es preciso concretarlo en nuestros corazones para que, en la convivencia, se recuperen los lazos de fraternidad, aún deteriorados por la confrontación".

 



 
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