Los
Obispos de la República Argentina
San Miguel, 17 de noviembre de 2001
fiesta de San Roque González de Santa Cruz.
CARTA AL PUEBLO DE DIOS
Queridos hermanos y hermanas:
1. Al concluir nuestra Asamblea Episcopal sentimos, como pastores, la necesidad
de dirigirnos a los miembros del Pueblo de Dios que peregrina en la Argentina,
para animarlos en estos momentos difíciles y alentarlos en la misión
de ser sal de la tierra y luz del mundo. Con anterioridad nos
hemos dirigido repetidas veces al País y a sus dirigentes. Hoy, junto
a nuestros sacerdotes, nos acercamos a cada uno de ustedes en su condición
de cristianos, cualquiera sea el lugar que ocupe en la sociedad , como se
acercaba Jesús a su pueblo.
2. Les decimos de corazón como San Agustín a sus fieles: con
ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo. Como cristianos participamos
del mismo Bautismo, que nos confiere la gracia de ser hijos de Dios y hermanos
entre nosotros; como obispos queremos velar junto a ustedes, acompañándolos
en estos momentos de desconcierto y sufrimiento.
Somos conscientes que nuestra Patria sufre, y con ella todos nosotros. Deseamos
que nuestra cercanía llegue al apretón de manos y al abrazo
fraterno. En momentos de dolor, la mirada silenciosa del padre y la ternura
del hermano son más elocuentes que todas las palabras.
3. En esta semana hemos tratado muchos temas pastorales. Pero especialmente
hemos hablado de ustedes. Conocemos la difícil situación que
están viviendo y la extensión de la pobreza: tantos hombres
y mujeres que no tienen trabajo, en quienes la desesperanza ha vencido la
resistencia de sus hogares; niños mal alimentados y que no terminan
la escuela; ancianos que no tienen atención médica; jubilados
que después de toda una vida de trabajo ven confiscada su asignación;
innumerables familias sin techo. La brecha entre los que tienen mucho y multitudes
que viven en condiciones por debajo del mínimo requerido por la dignidad
humana se abre más y más.
También hemos reflexionado sobre nuestros jóvenes y nos preocupa
que esta situación crítica lleve a muchos a claudicar de sus
ideales.
Una vez más hemos verificado los problemas sociales y políticos
que han llevado a la Argentina a esta crisis inédita: concepción
mágica del Estado; despilfarro de los dineros del pueblo; liberalismo
extremo, mediante la tiranía del mercado; evasión de los impuestos;
falta de respeto a la ley, tanto en su cumplimiento como en el modo de dictarla
y aplicarla; pérdida del sentido del trabajo; incumplimiento de la
palabra empeñada; atropello de los derechos ajenos mediante el abuso
de las medidas de fuerza; defensa exacerbada de los derechos adquiridos; mala
voluntad para participar en los sacrificios que requiere la reconstrucción
de la Patria; decadencia de la educación; banalidad y procacidad de
muchos programas trasmitidos por los medios de comunicación, que nos
avergüenzan como argentinos. En una palabra, una corrupción generalizada
que mina la cohesión de la Nación y nos desprestigia ante el
mundo.
4. Con ustedes como cristianos y para ustedes como obispos queremos estar
cerca de cada uno. En ustedes miramos a Jesús y queremos estar junto
a la cruz de nuestro pueblo como estuvo la Virgen María junto a la
cruz de su Hijo. En Ella había mucho dolor, pero no perdió la
esperanza. Les decimos que tenemos una Madre y que su corazón de Madre
conservó la esperanza de todo un pueblo. Junto a nuestros sacerdotes,
diáconos, consagradas y consagrados le pedimos a Ella que nos obtenga
de su Hijo las palabras y gestos de esperanza que nuestro pueblo necesita.
En las miradas de ustedes descubrimos la mirada de Jesús. Él
nos muestra su Rostro doloroso y su Rostro glorioso. Rostro que comprende
en sí mismo toda la dignidad del hombre. Por eso, sabiendo de los difíciles
momentos que estamos pasando, de las cruces que hemos de sobrellevar, les
decimos: miremos a Jesús, sigamos, conozcamos, amemos e imitemos a
Jesús, para vivir en Él la vida de Dios y transformar con Él
esta historia en historia santa. Miremos su Rostro y apostemos a la esperanza.
5. ¡Queridos hermanos y hermanas! Animémonos a una esperanza
solidaria y operativa que, arraigada en la fuerza del Bautismo, enfrente los
problemas de cada uno, del vecino, del compañero de trabajo, del barrio,
de la ciudad, de la propia Provincia, de la Nación entera. Un auténtico
espíritu cristiano implica esfuerzo creativo. Más que lamento
es aliento, más que pesimismo es una confianza generosa que no se deja
vencer. No espera pasivamente el cambio, se compromete con él. Actúa
con la pasión de quien espera, lleno de magnanimidad y de arrojo. La
fe en Cristo muerto y resucitado nos obliga a ser protagonistas de la historia
mediante una vida fundamentada en la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad.
6. Este es el camino para ser cada día más santos. Frente a
esta civilización, que tiene muchos rasgos de egoísmo y violencia,
y que - a través de sus diversos lenguajes - pretende destruir nuestra
dignidad de hijos de Dios, quitarnos la moral y enfrentarnos unos a otros,
les recordamos el ideal de santidad que nos propuso Jesús: "Sean
perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo" (Mt
5,48).
Cada una de las comunidades cristianas debe impulsar a todos sus miembros
por el camino de la santidad cristiana. Este camino implica un compromiso
por el bien común: no podemos ser peregrinos del cielo si vivimos
como fugitivos de la ciudad terrena. Esto exige asumir la propia responsabilidad
en la sociedad y entraña una actitud de conversión, que hemos
de pedir humildemente al Señor en este Adviento.
7. Cuando Jesús resucitó, prometió su Espíritu
Santo y envió a los Apóstoles por todo el mundo. Él nos
envía hoy a nosotros. Para cumplir esta misión cada uno tiene
el sello de ese Espíritu, que nos enseña e invita a orar, y
nos anima a salir de nosotros y a acercarnos al prójimo. En estos momentos
duros nosotros oramos junto a ustedes. Todos hemos de orar incesantemente,
y hacernos prójimos de nuestro hermano, compartiendo la cruz y recibiendo
la fuerza de la resurrección. Somos un pueblo bendecido por la gracia
del Bautismo, un pueblo con una profunda reserva espiritual, moral y cultural.
Echemos mano de ella en la vida de cada día.
8. ¡Hermanas y hermanos muy queridos! Con ustedes somos cristianos,
para ustedes somos obispos. Así de sencillo. Con esta misma sencillez,
queremos caminar y velar junto a ustedes y a todas las personas de buena voluntad
en este momento crítico de la Patria. Para ello confiamos en la fuerza
salvadora de Jesucristo el Señor, y nos cobijamos en la ternura de
nuestra Madre de Luján.
Con paternal y fraternal afecto los bendecimos de todo corazón.
Los Obispos de la República Argentina
San Miguel, 17 de noviembre de 2001
fiesta de San Roque González de Santa Cruz.
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