Arzobispo
de Resistencia
Mons. Carmelo GIAQUINTA
Jueves 8 de Noviembre
de 2001
DEJAR EL LUGAR A LOS QUE QUIERAN RECONSTRUIR LA NACION
Resistencia, NOV 8 (AICA): "En plena crisis -dijo el arzobispo de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta-, cuando sectores populares desamparados se van acostumbrando a romper normas elementales de convivencia, sin que la autoridad sea ya capaz de imponer el respeto de la ley, llama escandalosamente la atención que sectores privilegiados pregonen en alta voz que ellos no están dispuestos a hacer ningún aporte más al restablecimiento de la equidad social propia de una sociedad democrática y al saneamiento de las finanzas nacionales y provinciales.
"Si de veras son incapaces de hacer un esfuerzo más -agregó-, ¿no les ha llegado el momento de dar un paso al costado, renunciar a sus cargos y dejar el lugar a quienes tengan la valentía de asumir nuevos sacrificios para la reconstrucción de la Nación? Esto vale para todos los integrantes de los tres poderes del Estado. En especial, de las máximas jerarquías y de los grados gerenciales intermedios. Vale también para muchas jerarquías sindicales. Y por supuesto, para los grandes grupos empresariales, nacionales y extranjeros".
Convocado por el Departamento de Laicos del Episcopado, el prelado disertó largamente en un foro sobre política, enumeró y explicó las "enfermedades sociales" que caracterizan la crisis. También dio su parecer sobre la responsabilidad de todos ante la problemática actual y una conclusión en la que sostuvo que "en la Argentina la política necesita de la ética y la ética de la política".
Tras señalar el "origen moral de la crisis", que "se ha profundizado", marcó la primera enfermedad social: "una cultura estatista". En ese sentido dijo que "a lo largo de sesenta años, con regímenes militares o civiles, el estatismo se fue haciendo carne en la conciencia colectiva de los argentinos. El Estado era el padre providente que tenía que dar de comer a todos: al pueblo humilde y a los grandes señores".
"El ideal de vivir a costillas del Estado -aseguró- se ha adueñado del argentino. Costará sudor y lágrimas despojarnos de esta tara y revestirnos de un ideal en el que la persona esté en el centro de la vida social y sea defendida y promovida como principal protagonista del bien común".
Para monseñor Giaquinta, frente a ese equivocado rumbo, "reaccionamos tardíamente y en forma traumática", y "en vez de aprender las lecciones de la historia, las desconocimos y volvimos prácticamente al capitalismo salvaje del siglo XIX. Ahora cunde la ideología contraria: el envilecimiento del Estado, propio del más crudo liberalismo".
¿Hay modelo?
El pastor chaqueño planteó luego si el paso "tan despiadado de un sistema a otro de organización política (del estatismo al ultracapitalismo) no nos está diciendo que los argentinos no tenemos un modelo de nación a construir entre todos" y que "desde hace mucho tiempo andamos a la deriva sin políticas de largo aliento".
Otras de las enfermedades sociales que nombró fueron "la evasión
y el despilfarro" y la "falta de respeto a la ley, y esto, tanto
por el incumplimiento de la misma por parte de los ciudadanos, cuanto por
su dictado muchas veces arbitrario por parte de la autoridad, incluso para
crear privilegios para un determinado sector". En este campo, "los
cristianos no hemos sido defensores valientes contra la multiplicación
de privilegios, que han dañado la justicia y la equidad de la sociedad
argentina, y han fracturado su unidad y solidaridad social".
La "pérdida del sentido del trabajo" y la "falta de cumplimiento de la palabra empeñada que afecta a todos los órdenes y se manifiesta desde el clásico 'cheque volador' hasta el incumplimiento de los préstamos internacionales", son otras dolencias sociales que no pueden dejar de citarse, según el Obispo, lo mismo que la "decadencia de la escuela" y el "imperio de la banalidad y la procacidad".
Sobre la decadencia de la escuela marcó "el desprecio que la sociedad tiene del maestro" y que se manifiesta, entre otras cosas, en los magros sueldos que perciben y en las "triquiñuelas, incluso legales", de las que se valen muchos de ellos, como licencias médicas que son "puras mentiras", o huelgas que se declaran cuando todavía no se agotaron las instancias de diálogo.
¿No hay políticos capaces?
En otro tramo de su reflexión, el pastor chaqueño reconoció que "es lastimoso constatar cómo nuestros más altos dirigentes políticos no son capaces de asumir un auténtico liderazgo ante la crisis. ¿No hay uno capaz, como hizo Winston Churchill con los ingleses, de proponer la receta del 'sacrificio, dolor y lágrimas' para alcanzar la victoria sobre nuestro desastre?"
Y continuó: "¿No hay quien sepa encolumnar al pueblo en pos de la reconstrucción de la República? ¿No hay quien quiera dar el ejemplo asumiendo una cuota extra de esfuerzo? Necesitamos quien se atreva a proponer a toda la ciudadanía soluciones heroicas, pero posibles y deseables, y en forma progresiva y equitativa".
Para superar esta "crisis histórica", monseñor Giaquinta habló de la posibilidad de "imponer, como cuando se está en guerra, a todos los que viven y trabajan en la Argentina un esfuerzo extraordinario". Por ejemplo, "a los más débiles, mediante una quita simbólica del sueldo, y a los que superan el ingreso mensual medio de la Argentina, mediante una quita real, proporcional y progresiva. Y por cierto, sin eximir a ninguno de los grandes. ¿Que así los asustamos y se van del país? ¡Que se vayan! Los verdaderos grandes se van a quedar, e incluso vendrán muchos grandes más, pues para progresar buscan pueblos espiritualmente fuertes".
Sindicalistas mafiosos
Monseñor Giaquinta dedicó un párrafo para explicar que "la antipatía popular que los sindicalistas comparten con los políticos tiene sus motivos. Entre ellos hay verdaderos mártires de la causa de los obreros. Pero otros son mafiosos, capaces de cualquier desaguisado para mantener la figuración".
"Mientras la corrupción cundía en el propio gremio -interrogó-, ¿qué hacían los jefes sindicales? ¿Y qué hicieron cuando hubo que enfrentar el proceso privatizador de modo que éste fuese hecho con todas las garantías en favor de los obreros del gremio y de la sociedad toda que era la auténtica dueña?"
"Como obispo -concluyó-, no puedo menos que lamentar que la pastoral obrera en la Argentina es prácticamente inexistente desde fines de los años 50. Los notables esfuerzos hechos en ese sentido en la primera mitad del siglo XX, hoy son apenas un recuerdo".
Cambio cultural
En pos de encontrar una solución definitiva, el prelado también marcó la necesidad de "cambiar el modelo cultural", es decir, "el universo de valores con los cuales los hombres nos vemos para constituirnos en sociedad. El modelo cultural es, por tanto, el modelo madre que está en la base de todos los otros modelos: político, jurídico, económico, educativo, etc. Estos son instrumentales con respecto al primero".
Tras referirse al diálogo político y al aporte que hacen al mismo los obispos, entre otras cosas, "ofreciendo la doctrina social de la Iglesia" y "sólo en forma excepcional, ofreciendo un ambiente o alguna presencia amiga", dejó constancia de algunos "puntos esenciales" para que ese diálogo sea posible, entre ellos "renegociar los plazos de la deuda pública y principalmente sus intereses; renegociar un período de gracia para el pago del servicio de la deuda, y relegislar el sistema tributario argentino".
También "rever las garantías de rentabilidad y privilegios tarifarios concedidos por el Estado a las empresas que recibieron privatizaciones monopólicas, la adhesión a la Organización Mundial de Libre Comercio y los protocolos del Mercosur; promover federalmente el crecimiento de las economías regionales y de las administraciones provinciales, y establecer un sistema jurídico antimonopólico".
A modo de conclusión, aseveró que "para levantarnos y ser un país ético, confiable, hoy necesitamos tomarnos de la mano de la política. Y esto, tanto a nivel nacional como internacional. A nivel nacional, mediante unos pactos fundamentales entre todos los sectores y partidos. A nivel internacional, mediante negociaciones dignas con los demás pueblos del mundo, con quienes tenemos la deuda de nuestra palabra de honor".
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