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UN SACERDOTE ARGENTINO CERCA DE AFGANISTAN

(AICA): El 29 de setiembre de 1997, el Santo Padre Juan Pablo II designó al sacerdote argentino Carlos Avila, Superior eclesiástico de la Misión “Sui Iuris” en Tayikistán, un país ubicado en el corazón de Asia Central que consiguió su independencia al derrumbarse la Unión Soviética. Tiene fronteras por el norte con Kazajstán y por el sur con Afganistán. Sus habitantes son en su inmensa mayoría musulmanes y hay una elevada cantidad de ateos, herencia del régimen marxista que dominó tantos años esta región. Los católicos no alcanzan ni al uno por ciento de la población.

Un argentino nacido en la Patagonia

El padre Carlos Avila es un joven religioso perteneciente al Instituto del Verbo Encarnado (IVE), nacido en Comodoro Rivadavia el 12 de agosto de 1964 y ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1990. Además de su cargo de Superior de la Misión “sui iuris”, es agregado cultural de la Nunciatura Apostólica en Tayikistán. Hace cinco años que trabaja como misionero en este país (tenía 32 cuando fue enviado). Una hermana suya es religiosa contemplativa y un hermano es diácono del IVE.

Con motivo del viaje de Juan Pablo II a Kazajstán y del cuarto aniversario de su designación en Tayikistán, AICA entrevistó al padre Avila con el propósito de conocer su opinión acerca de estos acontecimientos y de la situación en Afganistán.

- Padre Avila: el mundo entero está pendiente de la situación del vecino Afganistán, con el que Tayikistán comparte frontera, precisamente con el sector afgano que no responde al gobierno de los talibanes. ¿Cuáles son sus sentimientos y el estado de ánimo del pueblo de Tayikistán?

- Transmitir mis sentimientos y cuál es el estado de ánimo del pueblo tayiko no es fácil. Todos hemos sido testigos de la terrible y horrenda tragedia en los Estados Unidos de Norte América y pienso que el primer sentimiento de la gente ha sido el de una gran solidaridad ante el sufrimiento y la muerte de tanta gente inocente.

Tayikistán conoce en carne propia lo que es el sufrimiento de una guerra, del terror, del odio y la violencia, de ahí su vocación por restablecer la paz y la concordia, a través del diálogo fraterno.

El pueblo de Tayikistán está curando las heridas que dejó la cruenta guerra civil del 92-93 y ésta es la gran tarea en la cual todos debemos comprometernos, musulmanes, cristianos y no creyentes, trabajar para restablecer y consolidar la paz en esta región.

- Hace muy poco Juan Pablo II visitó Kazajstán. ¿Qué nos puede decir de esa visita?

- “La Paz” fue la palabra clave del primer discurso del Santo Padre en su visita apostólica a Kazajstán: “Las cuestiones controvertidas deben ser resueltas no con el recurso a las armas, sino con los medios pacíficos del tratado y del diálogo”. El Santo Padre hacía referencia a la buena decisión del gobierno de Kazajstán de clausurar el polígono nuclear de Semipalatinsk y de renunciar unilateralmente a las armas atómicas, pero evidentemente las palabras del Santo Padre se pueden aplicar a la tragedia que vivió el pueblo norteamericano y a las medidas inesperadas que se podrían tomar para solucionar el tema del terrorismo internacional.

Ante la difícil situación en la región a la que el mundo sigue con mucha atención, no podemos dejar de agradecer a Dios por haber permitido que el Vicario de Cristo nos haya visitado como el Mensajero de la Paz.

- Sabemos que usted viajó a Kazajstán, e incluso que fue recibido personalmente, junto con los otros obispos y prelados de la región, por Juan Pablo II. ¿Qué les dijo el Papa?

- Gracias a Dios, de Tayikistán pudimos peregrinar a Kazajstán con motivo de la visita apostólica del Papa. Fuimos un pequeño grupo, entre ellos una representante del gobierno, la cual tuvo la oportunidad de seguir muy atentamente los discursos del Santo Padre.

El Papa en su discurso dirigido a los Obispos, Administradores Apostólicos y Superiores Eclesiásticos de las Misiones Sui Iuris del Asia Central, señaló que la Iglesia Católica aquí, es sólo una pequeña planta, pero rica y llena de esperanza.

El Papa, lleno de emoción, expresó su agradecimiento por el celo y el sacrificio con el cual están contribuyendo al renacimiento de la Iglesia tantos misioneros y misioneras en esta vasta región del Asia Central.

Juan Pablo II nos dijo que el sufrimiento y el dolor de Cristo en la cruz no fue en vano, como tampoco el sufrimiento y la sangre derramada de tantos cristianos durante “los largos años de la dictadura comunista, durante la cual tantos creyentes fueron deportados a los Gulag construidos en estas tierras”. Una vez más, señaló el Papa citando a Tertuliano, “la sangre de los mártires ha sido semilla de cristianos”.

- ¿Cuál es el estado de la Iglesia católica en esta región asiática?

- La Iglesia en el Asia Central está llamada a la evangelización siguiendo el mandato del Señor: “Vayan y enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

La evangelización en estas tierras es realmente un desafío, somos una minoría, inclusive aquí en Tayikistán una minoría casi insignificante según las categorías y criterios humanos. Esta situación, nos hace pensar, dice el Papa, en la parábola evangélica de la levadura que fermenta la masa, “la levadura parece poca cosa, pero tiene la fuerza de transformar todo”.

El Papa nos exhortó a estar convencidos de esto, y no sólo un convencimiento en el plano especulativo, sino lo que debe animar toda acción pastoral y el sostén de la difícil tarea de la “Plantatio Ecclesiae” (fundación de la Iglesia) en estos territorios, nuevamente abiertos al Evangelio. Debemos tener como objetivos pastorales primarios en nuestra Misión el difundir con todo empeño el anuncio del Evangelio y continuar sin descanso para poder consolidar la Iglesia.

- Desde que fue enviado a evangelizar estas tierras, hace ahora cinco años, ¿está usted solo o hay otros sacerdotes que lo acompañan en esta dura misión?

-El Santo Padre agradeció a sacerdotes y religiosas que dejaron su Patria para llevar el mensaje evangélico. Aquí en la Misión Sui Iuris de Tayikistán vivimos dos sacerdotes argentinos del Instituto del Verbo Encarnado, al cual la Iglesia le ha encomendó esta Misión. También hay un sacerdote francés que trabaja en el sur hacia la frontera con Afganistán.

Me siento orgulloso de ser argentino y sé que la Argentina siempre se caracterizó por ser un país generoso, y si en algo podemos contribuir siempre lo hemos hecho. Y en este sentido, permítame resaltar un hecho que no es para la alabanza de los argentinos o para creer que somos los únicos. Me refiero a que los argentinos hemos venido a esta Misión -o a otras misiones-, no para colonizar o argentinizar, simplemente para anunciar el Evangelio, dispuestos a servir a los más necesitados, respetando la cultura y los valores de cada región. La historia y los hechos lo demuestran. La Argentina es un país con vocación de servicio en todos los ámbitos. Aun en el campo eclesial siempre se caracterizó por tener un auténtico espíritu de solidaridad eclesial. Quiero mencionar como ejemplos a argentinos como el cardenal Eduardo Pironio cuyo funeral en Roma quiso presidir el mismo Santo Padre; el cardenal Jorge Mejía, quien actuó tanto en el diálogo con los hebreos como en la comisión de Justicia y Paz; el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Karlic, uno de los integrantes en la comisión de redacción del Catecismo de la Iglesia Católica; el actual sustituto de la
Secretaría de Estado, monseñor Leonardo Sandri.

El otro hecho del cual nos tenemos que sentir orgullosos los argentinos, es que por primera vez en la historia, la Iglesia concede un territorio de Misión a un Instituto religioso de origen argentino, el denominado Instituto del Verbo Encarnado, que ahora tiene su sede central en la diócesis de Velletri (Italia). Estoy convencido de que noticias así se deberían publicar, porque nos hace bien a todos los argentinos, nos estimula a seguir trabajando con mayor entrega y generosidad, y de esta manera nos enriquecemos nosotros mismos.

- ¿Qué mensaje desea que llevemos a la Argentina?

-Sé de la solidaridad de los argentinos y de la Iglesia argentina en estos difíciles momentos que está viviendo la humanidad, por eso me atrevo a dirigirme a través de AICA a todos los argentinos para que recen por la paz y la justicia y por todos los compatriotas argentinos que trabajan en la difícil pero hermosa tarea de anunciar el evangelio a todos los pueblos del mundo.

Misión sui juris

Una Misión “sui iuris” es el primer paso para establecer la Iglesia católica en un país o región que nunca recibió el mensaje evangélico. Generalmente el Papa encarga esta misión a una congregación religiosa, la que se compromete a aportar el personal misionero. A su frente hay un sacerdote de la misma congregación, a quien el Santo Padre le concede una autoridad casi episcopal. Es decir, que aunque no es obispo, tiene una jurisdicción territorial sobre la que en nombre del Sumo Pontífice ejerce el mandato apostólico.

 



 
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