Nuestros Pastores

El Arzobispo de San Juan,
Mons. Alfonso DELGADO
y los Sacerdotes Sanjuaninos
Miércoles 29 de Agosto
de 2001

ANTE LA PROFUNDA CRISIS

“Los sacerdotes sanjuaninos junto con nuestro Obispo queremos compartir la crítica situación actual con los demás cristianos y con las comunidades parroquiales y educativas, con las diversas congregaciones, instituciones y movimientos eclesiales, y con los hombres y mujeres de buena voluntad.

“Nos duele y afecta esta nueva crisis, en la que parece naufragar el País y la propia Provincia. Todos nos encontramos inmersos en ella. El ánimo reinante está impregnado de desesperanza. Como en otros tiempos igualmente duros, intuimos que no podremos salir adelante sin la ayuda de Dios y sin el sacrificio solidario y generoso de todos.

“La profundidad de la crisis se palpa en sus múltiples facetas: en la quiebra del estado nacional y de los estados provinciales y municipales, inmersos en gran medida en el despilfarro de gastos, en la improvisación, y en el desorden económico y financiero; en la falta de valentía para enfrentar la verdad y aplicar soluciones reales, justas y perdurables; en la degradación de los servicios esenciales a la sociedad como la salud, la educación y la seguridad; en la falta de trabajo para poder llevar dignamente el pan a la familia; en la desazón de quienes apostaron por el País en el trabajo productivo; en la miopía y la corrupción que se percibe en buena parte de la dirigencia social, especialmente en las instituciones republicanas.

“Sin embargo, detrás de todas esas expresiones aflora una raíz más profunda: una sentida crisis moral. La deshonestidad, la corrupción y la demagogia manifiestan una fuerte ausencia de verdad y el imperio del egoísmo. ‘Quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve’. Y cuando no se es fiel a Dios resulta fácil traicionar las responsabilidades familiares, sociales y ciudadanas, aunque haya juramentos de por medio. Cuando olvidamos que la verdadera grandeza está en el servicio al bien común, la vida ciudadana comienza a corromperse y a transformarse en servicio al propio grupo, al propio partido o al propio bolsillo. El fracaso más estrepitoso es ganar el mundo, pero a costa de perder el alma.

“No es nuestro ánimo ocupar ámbitos y competencias que no corresponden. Sólo deseamos ayudar a fortalecer los ánimos, a solidarizar los vínculos y a compartir la luz del Evangelio. Con el deseo sincero de hacerlas crecer en nosotros mismos, compartimos con ustedes algunas propuestas, con una fuerte esperanza en Dios y con gran confianza en los talentos espirituales y ciudadanos de los hombres y mujeres de San Juan, especialmente de los jóvenes.

“1. Ante el olvido de Dios, ‘fuente de toda razón y justicia’, nos confirmamos en la necesidad de orar –todavía más– por nuestra Patria y por nuestra Provincia, por sus instituciones y por los ciudadanos que las dirigen. Nos alienta saber que muchos hombres y mujeres de nuestras comunidades cristianas piden confiadamente la ayuda de Dios para edificar
una nación en la que valga la pena vivir, trabajar y servir.

“2. Ante las dolorosas situaciones que provoca la dura crisis, nos conmueve sentir la esperanza de tantos gritos silenciosos pero fecundos, capaces de enderezar el ánimo de los espíritus sensibles hacia el bien y la solidaridad. Miles de sanjuaninos sirven y ayudan a sus hermanos en medio de enormes dificultades y sin ningún tipo de privilegios, trabajan y estudian en serio, aún en la pobreza y sin perjudicar a los hermanos. ¿Hasta qué punto vemos este ejemplo en gobernantes y dirigentes políticos y sociales? También nosotros nos preguntamos lo mismo, y reconocemos que no siempre y en todas las circunstancias hemos dado todo lo que podíamos. Admitimos también nuestra insuficiencia –muchas veces– como guías de comunidades y formadores de cristianos comprometidos con el orden social. Nos parece que es la hora, entre tantas iniciativas, de fortalecer en nuestras comunidades la acción solidaria de Cáritas y suscitar nuevas redes de voluntarios al servicio de los más pobres y sufrientes.

“3. Ante la tentación de la pasividad, de la indiferencia y de un espiritualismo desencarnado, la Iglesia en Argentina nos recuerda que no podemos ser peregrinos del cielo si vivimos como fugitivos o ausentes de la ciudad terrena. Nuestras comunidades cristianas pueden y deben ser un foco de catequesis de virtudes cívicas, y a ello nos comprometemos de corazón. Es parte importante del mensaje del Evangelio.

“4. También constatamos que se ha ido empobreciendo y apagando el diálogo de los responsables sociales en busca de soluciones y de horizontes amplios, más allá de las mezquindades de sector o de partido. El País y la Provincia necesitan del diálogo abierto y fecundo, donde el objetivo primero sea el bien de todo el conjunto. La Iglesia trata de ser espacio de diálogo abierto para las instituciones de la sociedad, especialmente en momentos de mayores dificultades para el entendimiento de los argentinos. Por eso deseamos que nuestras comunidades cristianas sean verdaderos ámbitos de acogida cordial y de diálogo sincero, un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir creyendo.

“El Pueblo sanjuanino profesa su fe en Jesucristo, el único Salvador. A El invitamos a dirigir una oración llena de esperanza: ‘Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos’”.

 



 
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