Anécdotas de un cura argentino,
misionero en las lejanas tierras de Oceanía

1ra Parte

 Noviembre de 1997


El PAIS DE LAS BOTELLAS QUEBRADAS

    Creí que un país como Papua sólo podía existir en la imaginación de un adolescente aventurero después de leer alguna de las novelas de Salgari... Papua debería ser el paraíso de los naturalistas si no fuera tan salvaje y el de los turistas si no fuera tan lejos de todo y tan pobre. Ya contare algo de nuestra misión pero déjenme respetar el título y hacerles un breve pantallazo del país.

    Papua Nueva Guinea (PNG) ocupa la mitad oriental de la isla Nueva Guinea, la parte occidental pertenece a Indonesia. Es la segunda isla más grande del mundo después de Groenlandia. Esta situada en el sudoeste del océano Pacifico, al nordeste de Australia -que no se considera isla-, y separada por el estrecho de Torres. El territorio completo del país está integrado por: la zona oriental de la isla de Nueva Guinea, el archipiélago de Bismark, las islas Trobriand y Woodlark, el archipiélago de las Luisiadas, las islas D' Entrecasteaux y parte de las islas Salomon. Ocupa en conjunto una superficie de 462.840 km2. Por el Oeste, PNG limita con la provincia indonesiana de Irian Jaya. Vanimo, la ciudad principal de nuestra diócesis, dista unos 40km. de esa frontera y que ya hemos visitado.

    Otros datos importantes: La capital es Port Moresby (Pob. 173.500) de la cual estamos a unas tres horas de vuelo; Población del país: 4.000.000; grupos étnicos: papues y melanesios; lengua oficial: Ingles, aunque el Pidgin es bien popular y además están los 700 dialectos; moneda: Kina (1 U$A= 0,43 K); religiones: grupos protestantes, Iglesia Católica y animistas.

    PNG es un escarpado país tropical barrido por las lluvias monzones, cubierto por espesas selvas y bosques pluviales. La gran isla está atravesada por una Cordillera Central, que va de noroeste a sudoeste. En estas tierras altas del interior, las cumbres volcánicas y las agudas crestas de piedra caliza se elevan casi a 5.000 m. Algunos lugares son tan accidentados que los exploradores la llaman justamente "el país de las botellas quebrada".

    Papua es rico en recursos naturales que, sin embargo, están mal o insuficientemente aprovechados. Cuenta con yacimientos de oro y cobre; la pesca y la madera son recursos importantes; en amplios sectores de la población la agricultura, la caza y la ganadería son las principales actividades, sin embargo, paradójicamente, PNG es uno de los países más pobres del mundo...
 



 

    En estos momentos estoy en medio de la selva, en una estación misional llamada Kambratoro o Kamby, a unos 45' de vuelo desde Vanimo y, si no, a más de cinco días por la selva... en lo que sea. En la zona hay muchas aldeas que son como aquellas pintadas en las aventuras de Asterix. Es nuestra primera misión fuera del Centro Pastoral en Lote (Vanimo), donde vivimos desde que llegamos; estamos conociendo la diócesis y la lengua. En esta primera experiencia selvática estamos divididos en dos grupos: P. Walter (Grillo) y P. Miguel (Beato) están en Utai otra comunidad.

    Hoy entre por primera vez a la cabaña de una aldea en la selva y bautice un niño que se estaba muriendo, todavía no tenía el mes. Cuando entre solo sentí un llanto débil y quejumbroso pero no se veía a nadie, todo era penumbras. Tampoco quería caminar por temor a pisar algo o alguien y también por temor a caerme, pues el piso -de maderitas cortadas a mano- se encuentra a un metro o metro y medio de altura, un gordo rompería el piso, pero ellos no son gordos. Poco a poco mis ojos se habituaron a la penumbra. Las paredes son de hojas de "sago" tejidas, como también el techo a dos aguas. La cabaña tiene 4 x 4 metros y normalmente está dividida en dos o tres ambientes. Todo lo que poseen -y que no sea de madera u hojas- son dos o tres ollas y algunos cubiertos esenciales para toda la familia.

    Eran las 7:00 p.m. y todavía el hombre no regresaba de la selva. La mujer joven, con su niña desnuda, había quedado atrás y sentada en el suelo -no tienen sillas- aprecia decir con su mirada: "si mi niño se salva se salva, si se muere... ya estoy acostumbrada". La monja que me acompañaba se acerco -guiada por los quejidos- y lo encontró en el piso tapado de hojas, esas son sus sabanas colchones y almohadas... tampoco tienen camas... Cuando me paso el niño, este literalmente quemaba de fiebre, no tenía fuerzas ni para llorar. Se estaba muriendo de malaria. Pedí la autorización a la madre, un poco de agua y pronuncie por primera vez la formula bautismal en lengua pidgin y lo llame "Benet" que quiere decir "Bendito". ¡Maravilla de la gracia!...para él se abrieron las puertas del Paraíso porque fue Bendito de Dios y Cristo lo amó y se entrego por él.
 



    Un religioso me dijo que aquí en Papua, el misionero tiene que estar siempre conviviendo con la muerte. Ya sea cuando sale de "patrulla" por la selva, ya sea por la malaria que indefectiblemente se contagia, ya porque a veces la gente se pone un poco rebelde y no pocas son las anécdotas acerca de grupos que han querido atacar al misionero, ya sea también por algo tan secundario como el transporte para llegar a los lugares de misión.

    Por eso apenas subimos a la pequeña avioneta que nos llevaría hasta la estación de Utai pensamos en que todo podía terminar allí. Hace dos años un sacerdote murió al volver a su centro misional. Y hace algunos días a un avión se le rompieron las ruedas al aterrizar. Pero si hubiera sido así, hubiera sido demasiado fácil.

    Utai es una estación muy pequeña y está atendida por un seminarista Filipino llamado Doods. Con él visitamos algunas aldeas de la zona. Una de las primeras noches fuimos a la más cercana de ellas a rezar el rosario. Lo hacen todos los lunes, miércoles y viernes... y también el domingo si no hay sacerdote para celebrarles la Santa Misa. Sentados en semicírculo alrededor del catequista y de los sacerdotes comenzó el rosario a la luz de la luna. Se intercambiaban entre misterio y misterio los hermosos cantos de los niños. Y como si esto fuera poco terminado el rosario se hizo la oración de la noche, en ellas agradecieron a Dios los bienes recibidos, pidieron por sus intenciones y se arrepintieron de sus pecados. Terminamos con la bendición final y todos a dormir. Era emocionante ver como en la sencillez y en la pobreza material de sus vidas tienen el gran don de saber dar gracias y terminar el día con la oración a nuestra Señora. Varias veces se nos cayeron las lágrimas al escucharlos cantar y rezar.

    La segunda aldea que visitarnos se llama Ikas y se encuentra a una hora y media de camino desde el centro misional. Nos pusimos la mochila, gorrita, pantalones cortos para cruzar los ríos, y nos calzamos las zapatillas al mejor estilo caminata en Bariloche. Al llegar visitamos casi todas las cabañas de la pintoresca aldea, uno a uno los invitamos a que asistieran a la misa del mediodía. Sólo nuestras vestimentas desencajaban con Ikas que está perdida en el tiempo: las cabañas, los instrumentos para recolectar los alimentos, y hasta las armas de caza y pesca son de otros tiempos.

    Probamos como se manejan los arpones para la pesca y el arco y la flecha para los jabalíes del monte, pero creo que nosotros nos moriríamos de hambre.

    El primer cristianito se llamo "Leo" (así se llama el segundo hermano del Padre Miguel) y también estaba enfermo de malaria. Lo bautizó el P. Miguel en la misa que presidió en pidgin. Yo predique en ingles y el hermano Doods traducía y hacia sus agregados para ponerle más salsa a la cosa. Volvimos en medio de la selva contentos por haberles podido predicar el Evangelio y haber conquistado un hijo para la Madre Iglesia.
 


 

    Nuestra misión en las estaciones de Kamby y Utai fue por demás fructuosa. Pudimos estar en contacto con la realidad de la gente de la selva, hablar con ellos, reírnos, intercambiar experiencias y sobre todo, y a pesar de nosotros, pudimos predicarles a Cristo... Experimentamos lo que significa la misión aquí en Papua.

    El testimonio del seminarista Doods que estaba en la estación de Utai desde hacia varios meses, sin sacerdote, sin misa, sin nadie que lo acompañe en sus enfermedades, sin nadie con quien poder compartir sus alegrías y tristezas... fue para nosotros un testimonio vivo que los misioneros aquí tienen necesariamente que participar de la Cruz del Señor. Sólo así la misión puede dar fruto, sólo si el grano de trigo cae y muere da mucho fruto. El misionero debe no sólo convivir con la muerte sino como desposarse con ella. Está muerto, pues no se pertenece, está muerto desde el momento en que se ha hecho testigo de la Cruz, desde el momento que se hizo misionero...

    AIways go forward, never tum back!
 

P. Alejandro, P. Walter, P. Miguel
(Misioneros del "Continente Azul")

 
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