Por Luis Olivera, escritor y periodista
La ruleta rusa es un peligroso juego puesto de moda hace ya bastantes años,
que hoy está en desuso. Jugaban a ella gentes a las que la infrautilización
de su cerebro les llevaba a no sentir la necesidad de cuidarlo y que, por lo
tanto, no les importaba jugar a agujereárselo. Provocaba en ellos un
malsano placer, consecuencia de no saber, al disparar con un revólver
en la sien, si el único cartucho situado en su tambor coincidiría
con el percutor y, como consecuencia, su pobre cerebro estallaría en
pedazos. O, por el contrario, sólo sonaría un "clic"
metálico, que indicaría que aquel cerebro podía seguir
funcionando (¿funcionando?) algún tiempo más.
Varias personas se han referido a este juego en los últimos años, pero referido a un ámbito lúdico muy diferente, aunque igualmente peligroso, porque tiene la misma probabilidad de ser mortal que el darle al gatillo con sólo una bala en la recámara. Por ejemplo, el americano J. Sobran decía, refiriéndose a la propaganda del profiláctico en USA, que "la campaña del 'sexo seguro' es un fraude. Aparentemente de más posibilidades a quienes juegan a la ruleta rusa. El juego puede ser menos peligroso, pero igualmente mortal". Porque si un artilugio tiene "una tasa de riesgo, como el preservativo, que está entre el 15 y el 20%; es decir, fallan en uno de cada cinco o seis contactos sexuales, como dice el catedrático de Medicina Gonzalo Herranz, tiene la misma probabilidad de ser mortal que la ruleta rusa pura y dura. Y añade: "Mientras el SIDA siga siendo una enfermedad mortal, ése es un riesgo abrumador"-
La prueba del éxito de este método la ofrece Aquilino Polaino, catedrático de Psiquiatría en Madrid: "He tratado a muchos pacientes que padecen el SIDA, que habían utilizado preservativos. Probablemente, si no los hubieran utilizado, no hubieran tenido esas relaciones sexuales y, ahora, no tendrían SIDA". La propia Food and Drug Administration americana ya dijo, en 1987 -¡hace 14 años ya!-, después de hacer una investigación sobre la seguridad del preservativo como preventivo del SIDA: "El uso del preservativo no se relaciona de forma significativa con la protección contra el contagio".
Hay más testimonios concluyentes: Elio Sgreccia, director del Centro Bioético de la Universidad A. Gemelli, ha dicho que "el riesgo de contraer SIDA a pesar del uso del preservativo se sitúa, al menos, entre el 15 y el 16 por ciento". Además, el 12% de los profilácticos examinados por el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta (USA) tenía algún fallo de fabricación.
El Dr. Jerome Lejeune, entonces catedrático de la Univ. Francesa de la Sorbona, señalaba ya el 1989 que el 89% de los enfermos del SIDA son o varones homosexuales o drogadictos por vía parenteral. Y agregaba que la lucha sistemática contra esta dolencia está, por tanto, claramente indicada por las estadísticas: "Si uno desea impedir la difusión del SIDA, es necesario combatir la sodomía y la droga", sin las cuáles "el número de casos disminuiría de un 98 a un 90%". Y añadía: "Uno puede ver que la campaña a favor de los preservativos de goma no tiene nada que ver con la naturaleza de la epidemia. Entonces, ¿a qué se debe una desinformación tan constante y flagrante?". Lejeune estaba convencido que "todos los responsables de la salud saben perfectamente que los preservativos no pueden parar la epidemia del SIDA".
Angel Santos, que ha sido Presidente de la Real Academia de Farmacia, ha dicho que "la difusión de profilácticos no se ha revelado eficaz, según la experiencia de otros países; los preservativos fallan casi en un 20% de los casos: conviene tener en cuenta, entre otras cosas, que el virus del SIDA es 500 veces más pequeño que el espermatozoide y se filtra con gran facilidad". Y si con el profiláctico se producen embarazos en un 10% de las mujeres al cabo de un año de uso; si el condón no es "una barrera infranqueable para los espermatozoides, menos aún para el virus del SIDA, que es 500 veces más pequeño" (Lejeune).
Fomentar su uso es una gigantesca irresponsabilidad de toda una generación"; y más en los tiempos del SIDA. Por eso, William Blattner, el director del Departamento de Epidemiología viral en Bethseda, USA, ha comentado que "favorecer el uso del preservativo se rebelaría un error, puesto que sólo aumenta los comportamientos arriesgados, exactamente como poner jeringuillas a disposición de los tóxicodependientes". La publicidad de profilácticos puede alentar a las personas a comenzar y proseguir, como en este caso, comportamientos autodestructivos. Y ahí ni el Estado ni ninguna institución pública o privada pueden convertirse en cómplices y favorecedoras de muchas conductas suicidas. Folletos, como el reciente de una entidad de ahorro, hacen creer a muchos ingenuos e ingenuas que el condón es el talismán mágico del placer y la invulnerabilidad, tan apetecibles para los adolescentes. "Es inadmisible que el Estado organice y favorezca la campaña del 'sexo seguro', que lleva a crear la ilusión de la eficacia y al uso irresponsable de la sexualidad" (Paul Zoungrana, en el Congreso Internacional sobre SIDA). Y "quien afirma, por ejemplo, la absoluta seguridad del preservativo, va contra el parecer de todos los expertos" (Dra. Voltas). Aquellos que, como hace unos años en España, unían goma y placer en indisoluble simbiosis, caían en una pura falacia como promotores de la condón-manía. Los datos antes expuestos lo avalan. Y también las estadísticas de enfermos y de embarazos de adolescentes, muchos de ellos finalizados en abortos.
Sólo hay una respuesta frente a la mala interpretación: la verdad. Porque, como dice De Miguel, "planteado como un juego, el sexo promiscuo conduce a consecuencias indeseables. Juego, sí, pero como una especie de ruleta rusa incruenta". No decimos: "Fuma con cuidado", sino: "No fumes". Los experimentos, por favor, con gaseosa. No con vidas humanas. Todo lo demás son "mentiras, mentiras a veces pronunciadas por motivos políticos por parte de los responsables y por las autoridades sanitarias" (O'Connor). El hombre perdona a veces; la naturaleza no perdona jamás, porque ella no es persona".
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