Mons. Domingo Salvador CASTAGNA
Arzobispo de Corrientes
Jueves 16 de Agosto de
2001
EL TRABAJO SE CONVIRTIO EN SERVIL Y DESHUMANIZANTE
Una falsificación del concepto del trabajo lo ha convertido en una "práctica servil y deshumanizante", dice el arzobispo de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, para quien "el mal uso de los bienes económicos, su desordenada distribución, ha desnaturalizado el poder como servicio, poniéndolo a disposición de un 'poderoso caballero' llamado 'dinero', que, mal administrado, ejerce una influencia discriminatoria y engañosa".
El Arzobispo presidió una misa en el santuario de Nuestra Señora de Itatí, en el marco de la XVI Peregrinación de los Trabajadores y sus Familias a San Cayetano, el último domingo. Organizó el equipo arquidiocesano de Pastoral Social conjuntamente con Cáritas diocesana.
"Si la economía -continuó- debe estar al servicio exclusivo del hombre, el capital, ciertamente, debe servir efectivamente al trabajador, cualquiera sea la naturaleza específica de su trabajo".
Manifestó luego que "el trabajador discriminado, mal remunerado, utilizado para llenar las arcas de sospechosos destinatarios, percibe su labor cotidiana, a veces incolora y agobiante, como un atropello a su dignidad. Y es así mientras no se la humanice de verdad".
A su juicio, "un capitalismo salvaje y deshumanizante ha borrado la sacralidad natural del trabajo y, ha hecho de sus legítimos 'sacerdotes', los trabajadores, mendigos de sus propios bienes".
El prelado explicó que el trabajo, desde la perspectiva del Evangelio, "es un verdadero culto a Dios. Todo hombre debe y necesita trabajar, más allá de su condigna remuneración, porque su trabajo es debido culto a Dios. Su vida es un fracaso si no logra ser una respuesta a Quien se la otorgó amorosamente".
En otro párrafo, señaló que "el progreso económico de unos pocos no cubre ni elimina el infortunio de muchos, la inmensa mayoría, afligidos por el hambre y la exclusión. Nadie está verdaderamente bien si su familia, o alguno de ella, está mal".
El ideal de la fraternidad, dijo el pastor correntino, "es causa insustituible del restablecimiento de la justicia, de la reconciliación y de la paz social. Sin amor fraterno, toda relación se conformará a códigos de conducta frágiles, incapaces de erradicar la violencia y la guerra".
Sobre el final de su mensaje, monseñor Castagna expresó que es "un verdadero contrasentido que pocos sean dueños absolutos de los bienes y que la mayoría constituya un proletariado sin derechos".
Concluyó así: "Si se favorece el trabajo, ofreciéndole
las condiciones debidas de dignidad y sentido solidario, se producirá
el florecimiento de una cultura propia. De ella dependerá una renovada
economía, capaz de satisfacer los requerimientos de educación,
salud y seguridad, pero al mismo tiempo, el hombre ocupará su propio
y principal lugar en el espacio histórico que intente legítimamente
abordar. Este es el proyecto creador de Dios, desestimado en la práctica
de los sistemas políticos vigentes que, por lo mismo, resultan injustos
y fracasados. Oremos por nuestro pueblo
trabajador. Que sea el artífice de una cultura renovada del trabajo".
Buenos Aires, 10 de agosto de 2001.
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